viernes, 18 de junio de 2010

Como mamá gallina

Yaret Ramos

"Matilde es originaria de Tijuana, pero sus padres la trajeron a Colima desde muy pequeña. Aquí ha vivido desde entonces y ya a su corta edad comenzó a vender de todo, como su mamá le enseñó, pero siempre le gustó más dedicarse a vender flores...".

Con siete hijos e hijas por mantener y sin estudios, a Matilde Tinta de la Cruz sólo le quedó la opción de andar por las calles vendiendo flores. Desde temprano tiene que ir a buscarlas al mercado donde llegan los camiones que vienen de México con la mercancía, “porque si no llega uno temprano ya no alcanza lo más bueno y se quedan las flores maltratadas y esas casi no se venden o ya no se les saca buen dinero”, señala.
Sus hijos mayores de entre catorce y dieciocho años trabajan, pero ganan muy poco porque no tienen estudios, “así que apenas tenemos para vivir, pues los canijos no quisieron estudiar y no pude obligarlos porque yo tampoco estudié, más que el primer año de primaria. Yo les digo que estudien para que se valgan por ellos mismos, pero no quieren”, dice con tristeza Matilde.

Su hija pequeña de ocho y su niño de diez años, sí estudian la primaria, aunque con muchos trabajos y esfuerzos, porque a veces no tiene para sus útiles o lo que les piden en la escuela, “pero espero que ellos si sigan estudiando hasta lograr una carrera y lleguen a tener una mejor vida”, indica mientras mira hacia el horizonte.

Desde hace veinte años se ha dedicado a vender flores, pero como las flores al igual que la fruta es por temporadas, también ha tenido que vender ésta última, “todo depende de la temporada, pues en otoño e invierno las flores casi no se dan y llegan muy caras y feas a Colima, así que he vendido fresas, sandías, melones, tunas, ciruelas, pero casi siempre me he dedicado más a las flores”.

Las rosas las traen de México porque allá están mejor cuidadas y duran más, “les ponen más abono y no están maltratadas, esas rosas que nos traen de la capital huelen más y abren muy bonito”, comenta.

Cuando se casó seguía vendiendo, pero ya no tanto porque casi siempre estaba embarazada y se cansaba mucho, además como tuvo a sus hijos(as) tan seguidos, ya no podía salir a vender. Así que su “señor”, como ella le dice, no podía mantenerlos, por eso decidió irse de “mojado” a Estados Unidos hace aproximadamente diez años. Le dijo que iba a trabajar duro, que le enviaría dinero y que iban a estar mejor, pero nunca le hizo llegar el tan ansiado dinero y no ha vuelto a saber nada de él.

“Tuve que buscarme otro señor para que me apoyara con mis hijos, porque yo sola no podía, me junté con él y ahora me ayuda mucho, andamos vendiendo flores por donde quiera, pero se venden mejor en los semáforos”, afirma.

Matilde sale todos los días a vender pues si no lo hace así, su familia no tendría para comer, pues viven al día. “Tengo que apurarme a vender desde temprano para vender más y lo poquito que salga ahorita lo ocupo para comprar algo de mandadito y hacerles de comer a mis hijos, pues todos viven conmigo todavía, soy como la mamá gallina, con todos sus pollitos cerca”. 

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